Las políticas ambientales no sirven si no se aplican

Las políticas ambientales no sirven si no se aplican

Eduardo Gudynas, investigador del Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES) de Uruguay, en entrevista con el periódico El Tiempo de Bogotá, habló de la importancia de reestructurar nuevas políticas ambientales que disminuyan el deterioro del medioambiente en Suramérica.

Por Manuela de Filippis

¿Cuál es el estado actual del medioambiente en Suramérica?

La situación de las áreas naturales se ha agravado en todos los países, en general, esto se debe como primer factor de deterioro ambiental a los avances de los extractivos. Los extractivismos son procesos de apropiación masiva de recursos naturales para exportar, e incluye la minería, la exportación petrolera y los monocultivos de exportación.

Lo que ha sucedido es que aprovechando coyunturas de precios internacionales favorables se ha expandido el avance de la frontera agropecuaria sobre todo en áreas tropicales. Se ha ido a buscar petróleo a lugares amazónicos y más remotos, se ha iniciado la explotación minera en yacimientos de menor calidad, pero que valía la pena aprovecharlos por el alto precio de minerales. Ese es el principal factor de deterioro ambiental.

En paralelo, lo que se ve en todos los países es que los controles y la normativa ambiental en algún momento mejoraron, pero no llevan el mismo ritmo ni la velocidad ni la intensidad que el avance del deterioro. Por lo tanto, la brecha cada año se amplía más y el saldo negativo es cada vez mayor con el paso del tiempo.

¿Los países de Suramérica tienen prioridad en crear políticas para disminuir el impacto ambiental?

No, los países de Suramérica, bajo distintos recorridos políticos, unos más conservadores y otros progresistas, han puesto en primera línea la apropiación de recursos naturales para exportar, porque la consideran fundamental para mantener las cuentas del estado y el funcionamiento de la economía.

Cada vez que ha habido un conflicto importante entre un emprendimiento explotador y su impacto ambiental ha prevalecido la razón económica.

¿Hay países que hayan avanzado en la gestión de políticas ambientales?

Hay avances en la normativa, pero luego fallan en la aplicación. En la normativa el avance más destacado en los últimos diez años fue la declaración de los derechos de la naturaleza en la nueva Constitución de Ecuador.

El problema es que el propio Gobierno ecuatoriano ahora no cumple el mandato constitucional y, por ejemplo, ha liberado la explotación del petróleo en algunas zonas amazónicas, actividad que estaría en contra del mandato de los derechos de la naturaleza.

¿Qué país ha retrocedido en la gestión de normativas ambientales?

El país que más ha retrocedido o que no ha logrado sostener su normativa ambiental y que tiene un efecto ecológico a escala continental es Brasil.

En los gobiernos de Lula da Silva y especialmente en el de Dilma Rousseff, las políticas para protección de la naturaleza no han sido efectivas y la asociación entre políticas ambientales y las enfocadas en salvaguardar los pueblos indígenas han retrocedido, ha aumentado la violencia en el campo y, por lo tanto, el saldo negativo es mayor.

Y por el efecto que tiene en la región amazónica brasileña, influye en todos los indicadores suramericanos.

¿Qué nuevas políticas ambientales deben implantar los países suramericanos?

La discusión que está en marcha en muchos países, pero que está muy incipiente en Colombia y muy potente en los países andinos, es salir de los extractivismos, que es el principal factor de deterioro ambiental.

El extractivismo es también uno de los principales procesos que inciden en el cambio climático global.

Se debe potenciar otros ámbitos de la economía para evitar cualquier retroceso económico. La discusión es cómo suplantar la dependencia de explotar los minerales o hidrocarburos por ejemplo, potenciando un tipo de agricultura amigable con el ambiente.

¿Cuáles son los derechos de la naturaleza?

Es un cambio de perspectiva que amplía el concepto de derechos de las personas. Aplicándolo a la naturaleza, produce cambios en la estructura del derecho e impone transformaciones muy importantes en cómo se entienden las políticas ambientales.

Por ejemplo, en debates sobre impactos ambientales de un proyecto, sigue siendo relevante que las comunidades locales o el Gobierno demuestren la cualidad del daño ambiental o el efecto económico del daño ambiental.

Los derechos de la naturaleza introducen a una nueva dimensión enorme que es que aún los ambientes que no tienen utilidad económica, y las especies que no generan ningún tipo de productividad o beneficio, como por ejemplo las cucarachas, también tienen derechos y los ambientes también se tienen que proteger.

¿Cómo enfrentar el cambio climático?

Tiene que ver directamente con los derechos de la naturaleza, porque los principales factores de incidencia en el cambio climático global que se produce en países como Colombia están asociados a la deforestación y a los cambios en el uso del suelo, y esto pasa desapercibido porque la prioridad en una agenda para atacar el cambio climático es preservar la biodiversidad, preservar los bosques, pero todo el mundo cree que la agenda del cambio climático es ponerle filtros a los carros o chimeneas, pero no.

Los derechos de la naturaleza ofrecen una nueva base de normas para exigir esa protección de los bosques que es necesaria para evitar el cambio climático global.

¿Qué pueden hacer los ciudadanos para preservar el medioambiente?

De todo, desde ser más juiciosos con lo que se consume, más cuidadosos en el manejo de los residuos que se producen en la ciudad y participar activamente en campañas de protección del ambiente. La principal tarea para las personas en las ciudades es conocer mejor y entender lo que pasa en los rincones más apartados de Colombia, porque allí es donde ocurren los verdaderos problemas ambientales.

Por ejemplo, para un habitante de Bogotá, Medellín o Cali, lo que sucede en la amazonía colombiana es lejano y como este habitante quiere tener su consumo material justifica cierta destrucción ambiental. La gente debe reencontrarse, retomar un vínculo estrecho con lo que sucede en el resto del país, especialmente en el medio rural.

Publicado en El Tiempo, Bogotá, 9 de setiembre de 2015.