Zona de Sacrificio en Chile: “Acá tienes mucho más que lo de Erin Brokovich”

Zona de Sacrificio en Chile: “Acá tienes mucho más que lo de Erin Brokovich”

Katta Alonso, fundadora del Movimiento de Mujeres en Zona de Sacrificio en Ventana, Quintero y Puchulcaví, al norte de Valparaíso, en Chile, dice que “esto es mucho más grave. Vieras cómo se muere la gente, de cáncer de mamas, de cáncer de útero”, y que ni siquiera hay estadísticas médicas de decesos asociados a estas causas. (En la foto, Katta Alonso, a la derecha con un megáfono)

“Vivo en Ventanas, en la comuna de Puchuncaví. Mis bisabuelos vivían acá y pasaban tres meses en el verano. Después mi mamá trajo a mi papá, él compró un terreno e hizo una casa. Veranéabamos, veníamos a pasar el 18 a esta caleta maravillosa; éramos amigos con los pescadores, las aguas eran cristalinas, había pesca, agricultura y turismo. Las dunas negras que ves hoy eran blancas, altísimas. Hoy , desde mi casa se ven las chimeneas, veo cómo funciona Puerto Ventanas, todo”, describe Katta Alonso (65) fundadora del Movimiento Mujeres en Zona de Sacrificio Quintero en Resistencia, que lleva lidiando décadas con la contaminación.

La cruzada de Alonso -como ella hay otras dirigentas y dirigentes en este conflicto- tuvo un hito el fin de semana último, cuando recibieron resultados parciales que acreditaron contaminantes a gran escala en distintos extremos de Ventanas y en la misma playa. Fueron de muestras que tomaron hace un par de meses, asistidos por una especialista norteamericana a la que accedieron vía alianza con ONGs nacionales y extranjeras.
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Es la primera vez, dice, que tienen acceso a hacer sus propias mediciones en el largo historial de contaminación, que -hasta donde recuerda- se remonta a cerca “de 1968, cuando los animales de los agricultores empezaron a morir. Luego, unos diez años después, comenzaron a nacer los ‘hombres de verde’ que estaban tan contaminados que los abrían, veían que estaban verdes y los cerraba porque no había nada qué hacer”.

Después, dice, trabajó haciendo “clases, a reforzar cálculo mental y lenguaje. Como yo había hecho unos cursos de sicomotricidad en la Universidad de Chile, me empecé a dar cuenta de lo que pasaba, de las dificultades de aprendizaje, que aprendían sólo la mitad… impresionante”.

“Con lo que medimos en la playa, hay que clasurarla”

Katta dice que la enésima alerta fue hace poco. “Teníamos sospechas a raíz de que nuestro fotógrafo, amigo nuestro de chica también, se nos murió en dos meses de un cáncer fulminante. Él tenía agua de pozo; los que vivimos en la parte de arriba de Ventanas formamos una cooperativa y tenemos agua nos trae Esval, pero la pagamos. Ventanas, abajo, no tiene agua potable, es toda de pozo. Recién ahora están poniendo tubos para poner agua potable. En Horcón tienen desde el año pasado, así es”.

Sigue: “Era obvio que iba a estar contaminado. Contactamos a la ONG Terram y a través de ellos se hizo una alianza con Water Keepers, una ONG norteamericana. Hace unos dos meses hicimos un seminario acá, llegó Donna, una de sus científícas, norteamericana, con todo su equipo a tomar muestras y enseñarnos. Se quedó dos días con nosotros y tomamos muestras en todas partes, porque se dio cuenta del problema de genocidio ambiental que tenemos. Nos enseñó muchísimo”.

La dirigenta relata que con la asistencia de los expertos, “tomamos muestras en dos partes diferentes, bien distantes una de la otra. Una en el pozo de Alberto, que vivía cerca de los Carabineros, y al otro extremo de Ventanas, pozo de otra familia. Tomamos muestras de arena de la playa, en la laguna, en el río de donde sacan agua los agricultores”.

Luego, cuenta, “mandamos las muestras a un laboratorio a Santiago y otras se fueron con Donna. Ella trajo su equipo, unos aparatos especiales, instrumentos que detectan metales pesados. Incluso, en algunas partes esos instrumentos nos saltaban porque había más metales pesados de los que podía medir. Fue impresionante”.

-¿Podrán seguir midiendo ustedes después de la partida de Donna?

-El compromiso con ella es que nos va a mandar un equipo para que podamos medir acá.

Alonso dice que “el sábado último nos reunimos acá para ver los resultados parciales. Los pozos de agua dulce donde tomamos muestras, los dos, tienen aluminio, arsénico y plomo. La recomendación es cerrarlos inmediatamente y ni siquiera y usar el agua para regar ni lavar, ni la ropa, platos ni nada”.

Advierte entonces que “ahora vien lo más terrible para nosotros, porque sabíamos que estábamos muy contaminados, pero no el peligro de la playa. Siempre alegamos contra Gener por eso y porque todos los días están varando carbón. Tomamos muestras en la playa y encontramos sobre el polvo de la orilla de la playa, arsénico, aluminio, bario, cobre, cadmio, níquel, manganeso, plomo, helenio, zinc, fierro. ¿La recomendación? Clausurar la playa. Una embarazada no puede poner en la playa”.

No hay cifras oficiales de muertes

Katta cuenta que vio el filme “Erin Brokovich”, donde su director, Steven Soderbergh, cuenta la historia de la mujer del mismo nombre (Julia Roberts en la pantalla) que denunció a la Pacific Gas and Electric Company por contaminar el agua que consumían los habitantes de una localidad de Kansas. Logró millonarias indemnizaciones al acreditarlo.

“La vi, me encantó el personaje de ella, es muy bueno”, dice. “Sé que está basado en la vida real, pero aquí tienes mucho más que eso. Tienes 17 empresas contaminándote de forma simultánea. “Imagínate que acá los pobres pescadores tienen que limpiar el carbón en la playa. Esto es mucho más grave. Vieras cómo se muere la gente, de cáncer de mamas, de cáncer de útero”, advierte.

Al igual que otros dirigentes, reclama que “¿Cómo vas a tener estadísticas de enfermedades o muertes? Recién ayer estaban capacitando, lo habíamos logrado, a la gente de los hospitales para que les hicieran el certificado de intoxicación. Hasta ayer los estaban ingresando como histeria colectiva, y si no es artritis, y si no que vuelva a las 5 de la tarde”.

Katta termina su conversación con La Tercera PM subrayando que “acá en Qunitero tienes un hospital, pero muy básico, con puras dipironas y muy chiquitito. Hay un Cesfman, y si no, te vas a morir a Viña. ¿De qué se mueren? De paro cardiorrespiratorio, de paro cardíaco, de otras causas. ¡No quieren hacerlo! Esto debiera tener estadísticas, todo”.

Reproducción de una nota de Sebastián Minay, La Tercera (Chile), 28 Agosto 2018; con ajustes menores.